Una buena foto de antes y después vende más que cualquier folleto. Pero mal gestionadas —sin consentimiento, sueltas en un móvil— son un riesgo legal. Bien organizadas, son tu mejor comercial.
El consentimiento va primero, siempre
Una foto de una paciente es un dato personal, y si muestra una zona del cuerpo o una condición, es un dato sensible. Antes de hacer cualquier foto necesitas un consentimiento claro: para qué la usas, si la publicarás y la posibilidad de retirarla. Sin eso, no es solo poco elegante: es ilegal.
De la galería al seguimiento clínico
Más allá del marketing, las fotos son una herramienta de trabajo. Comparar el estado inicial con la evolución te ayuda a ajustar el tratamiento y a demostrarle a la clienta que está mejorando —algo que a ojo no siempre se aprecia. Guardadas en su ficha, en orden y con fecha, valen oro.
- Haz las fotos siempre en las mismas condiciones de luz y ángulo para que la comparación sea honesta.
- Guárdalas unidas a la ficha del paciente, no en un carrete compartido.
- Ten el consentimiento firmado antes de usarlas para promoción.
La evidencia visual de tu trabajo es tu mejor comercial, siempre que la uses con cabeza.
Dónde no deben estar
El móvil personal de una trabajadora es el peor sitio posible: se pierde, se comparte sin querer y no hay control de quién lo ve. En un sistema serio, las fotos van cifradas, unidas a su consentimiento y accesibles solo para quien debe. Es más cómodo y, sobre todo, te protege.



